miércoles, 12 de mayo de 2010

Estoy cansada.




Estoy cansada, agotada, hastiada y no sé de qué. Pero me canse. Me agota pensar en cómo o por donde seguir, hacia donde mirar o por donde caminar.

No es cansancio físico no, ese es fácil de solucionar. Es esa otra clase de cansancio, que nos aventura en una dinámica quizá aun mas cansada si puede ser.

Pensar, valorar, considerar, y finalmente decidir. Y una vez tomada la decisión volver a entrar en la rueda y encontrar fuerzas para mostrarse firme y continuar con lo ya iniciado.

Mostrarse firme en lo decidido, consciente de la situación y aun así no hallar fuerzas para seguir el camino

Convencerme de lo imposible, creerme lo increíble. Saber y saber, incluso lo mejor por hacer, aun así….. ¿Para qué?, estoy tan cansada que mejor dejarlo estar, seguir y no mirar atras.

Sí, he esperado cada día la llegada del momento ansiado, he echado de menos cada silencio, cada palabra, cada caricia y cada beso.

He esperado esa frase, esa caricia y esa mirada, que suplieran mis dudas, mis recelos, mis temores. He esperado el momento y no ha llegado, no existe, ni existió.

Y ¡no! Amigo, no me digas nada.

Ya sé de mi equivocación, conozco mis errores, el camino y el final. Pero enfrentar de antemano una guerra ya perdida, encadenar fantasmas deseosos de invadir nuestro día a día. Luchar cada batalla y disfrutar tan breve triunfo, para subsistir hasta la próxima. Es tan cansado amigo.

Porque no hay cadenas que resistan tan dura envestida, ni ánimo que no caiga rendido ante tan duras luchas. No hay ser humano que no doblegue su espíritu, sus fuerzas y su alma, ante tan lacerante realidad.

Hoy saboreo mi derrota, mi caída, mi fracaso. ¡Sí amigo!… y solo necesitaba saber, que estás ahí, que estarás ahí, que cuando caiga hallare tus manos, y entonces sí, el calor de tus palabras. ¡Por qué creer amigo!, ya hace tiempo que creo en ti.