sábado, 12 de marzo de 2011

Milhojas.


No sé bien porque la luz de aquel escaparate atrajo mi atención, ni sé porque me detuve ante él. Quiebros de mi mente quizá.

Dulzura, rezaba en su rotulo de vivo color… ¡Dulzura, pensé yo! ¡Cuánto tiempo sin saber de ti! Mis pensamientos alejados de la realidad, ese brillo en los ojos, que solo la belleza de un recuerdo guardado en el corazón hace aflorar; y esa sonrisa cómplice que complaciente asoma en la comisura de los labios. Ternura -pensé- han pasado los años esperando el momento de volverte a ver.

Esa voz, casi burlona, que te dice suave… ¿recuerdas? ¿Cómo puede ser?... olvidaste el tacto meloso de su corazón en tus dedos, el dulzor de su cobertura en tus labios y lo crujiente de sus capas en tu boca… ¿Qué ironía verdad? Olvidaste, que aun recuerdas el tacto de sus manos en las tuyas, el dulzor de su mirada en tus pupilas y el crepitante palpitar de tu corazón junto a él.

¡Que ironía verdad! Fuiste tan ignorante, que no pudiste entender la música que en silencio trasmitía su voz

¿Por qué sonríes?, pregunta reticente la voz en mi interior, nunca volviste a probar aquel dulce… y nunca volviste a buscar la ternura de él. ¿Aun hoy prefieres llamarle ternura y no verle jamás?

El frio indolente, devuelve mis pensamientos a la realidad.

El regalo



Buscaba un regalo especial de verdad. Algo grande, de un valor incalculable, superior incluso a su precio, algo bello como tú. Dulce y amable, que te hiciera llegar lo que quizá no te sapa jamás explicar por muchas bonitas y cálidas palabras que pueda emplear al escribir.

Algo que pudieras llevar contigo allí donde fueses, que pudieras abrir, sentir y disfrutar siempre que lo desees. Guardado en una cajita si no bella si especial, “el corazón” con el color más bello en la paleta de colores, “la ilusión” atado con un lazo tan suave como “mi intención” cobijado todo él con la seda mas sinuosa que encontré “la pasión” llevado hasta su destino por el mensajero más veloz que haya “el sentimiento compartido”. Y no es otro que el alma en un beso, todos y cada uno de esos besos que ahí guardo para ti.

Depositarlos en tus labios con la ternura, el candor, la dulzura, la pasión y la entrega que en cada uno de los tuyos encontré y que me brindaron todos y cada uno de los ingrediente que hoy te regalo de corazón. Porque, el regalo más grande de todos eres TU.