
No sé bien porque la luz de aquel escaparate atrajo mi atención, ni sé porque me detuve ante él. Quiebros de mi mente quizá.
Dulzura, rezaba en su rotulo de vivo color… ¡Dulzura, pensé yo! ¡Cuánto tiempo sin saber de ti! Mis pensamientos alejados de la realidad, ese brillo en los ojos, que solo la belleza de un recuerdo guardado en el corazón hace aflorar; y esa sonrisa cómplice que complaciente asoma en la comisura de los labios. Ternura -pensé- han pasado los años esperando el momento de volverte a ver.
Esa voz, casi burlona, que te dice suave… ¿recuerdas? ¿Cómo puede ser?... olvidaste el tacto meloso de su corazón en tus dedos, el dulzor de su cobertura en tus labios y lo crujiente de sus capas en tu boca… ¿Qué ironía verdad? Olvidaste, que aun recuerdas el tacto de sus manos en las tuyas, el dulzor de su mirada en tus pupilas y el crepitante palpitar de tu corazón junto a él.
¡Que ironía verdad! Fuiste tan ignorante, que no pudiste entender la música que en silencio trasmitía su voz
¿Por qué sonríes?, pregunta reticente la voz en mi interior, nunca volviste a probar aquel dulce… y nunca volviste a buscar la ternura de él. ¿Aun hoy prefieres llamarle ternura y no verle jamás?
El frio indolente, devuelve mis pensamientos a la realidad.

