Hoy
abrí la cajita que celosamente guardo en
mi corazón y contemple los bellos recuerdos de amor que guardaba con
vehemencia.
Entre
ellos, te hallabas tu, ese ser tan especial, que llegaste sin esperarlo, que me
ganaste poquito a poco, que durante un tiempo, me brindaste los motivos para
que mi corazón comenzara el camino por ese dulce sendero del amor, para que
palpitara fuerte. Me diste ilusiones, sueños y esperanzas. Sencillamente me
hiciste y enseñaste a ser feliz.
Encontré
tu sonrisa, tu voz suave, tu mirada agua de mar, tus manos tiernas. y te extrañe una vez más. Cerré mis ojos y con
las manos acaricie tu semblante, regresaron a mi tus palabras dulces, esas que
nunca olvidara mi alma, los momentos especiales que vivimos, aun estando
separados. Cada detalle, silencio,
mirada y sonrisa. ¡Y te extrañe!
Eché
de menos las tardes tibias de aquel invierno, el dulce olor de la ultima
navidad con sabor a niñez, las risas francas, los juegos inocentes en las
calles de nuestra infancia, los acordes de tu guitarra y tus ojos tiernos tan
profundos y apacibles como el mar.
Y
comprendí que no necesito ir lejos, ni buscar en la profundidad, ni mirar el
mar o sentir la arena de la playa bajo mis pies, para recordarte. Basta
asomarme a mi corazón y estarás ahí. Porque todos y cada uno de los momentos
que compartimos permanecen intactos en su interior.
Hoy
quise gritar con el corazón en la mano... ¡Te Extraño! Y deseo que allá donde
estés seas tan feliz como en mi corazón.
